La aventura de la startup que quiso lanzar su ICO

por | Feb 27, 2018

«Fail Fast, fail often» es uno de los mantras empresariales que más veces se repiten en las conferencias de emprendimiento de Silicon Valley. No importa lo interesante o lo innovador que sea tu proyecto, parecen decir, si vas a fracasar hazlo lo antes posible y empieza de cero.

¿Por qué? Porque el mundo startup se mueve rápido. Mas rápido de lo que puedes controlar. Por eso el método Lean Startup te invita a lanzar tu MVP (producto viable mínimo) lo antes que puedas y por lo mismo, antes de conquistar tu mercado local, los inversores te preguntan cuáles son tus planes para dominar el mundo.

Y mientras te lo piensas, te recuerdan que para tu plan de conquista vas a necesitar dinero, mucho dinero. Y que ellos lo tienen y tú no. Así que mientras sales cabizbajo de su despacho, con la seguridad de que una vez más te van a decir que no van a invertir en tu startup vuelves a la rutina de tu teléfono. Y ahí está, esperándote, un mensaje que te intriga. Un WhatsApp de tu socio que te pregunta: oye…¿Y por qué no lanzamos una ICO?

¿Una ICO? ¿Y eso qué es?

Como tú no sabes que es una ICO, te encoges de hombros… y buscas en Google. Ahí está, pequeña pero muy real, esa posibilidad que puede traducirse en una interesante entrada de fondos en tu empresa. Y a medida que empiezas a leer sobre el mundo de las Initial Coin Offering se te ilumina la mirada. Si otros pueden, tu también. Pero…¿qué es exactamente una ICO?

La forma más sencilla de definir una ICO sería explicar que es una forma de financiación de empresas, normalmente startups, que se encuentran en una fase temprana de desarrollo. La empresa que quiere financiarse de esta forma lo que hace es una preventa de derechos sobre futuras participaciones en la compañía.

Dicho de otra forma, la startup propone a sus potenciales inversores que adquieran un tipo especial de acciones emitidas por la propia empresa, de modo que si las cosas en un futuro van bien, se traduzcan en «acciones reales» y puedan venderlas a un precio muy superior al que las han adquirido.

A diferencia de las acciones tradicionales, las acciones que emiten estas compañías no están reguladas por ningún mercado ni organismo supervisor, por lo que su funcionamiento, más que en cualquier otro producto financiero, se basa en la confianza.La confianza…de que esas acciones no se conviertan al cabo de unas semanas en papel mojado.

¿Ya está? ¿Sólo confianza?

En sí misma la confianza ni es divisible ni es cuantificable, así que escapa de la lógica financiera. Pero es que además como las ICO las suelen emitir empresas que acaban de nacer y no multinacionales (con sus edificos, sus campus, sus zumos orgánicos para empleados y esas otras cosas que tienen las multinacionales), esa confianza abstracta en caso de poder intercambiarse después de un amistoso apretón de manos, tampoco cotizaría precisamente al alza. Así que..¿cómo resuelven esto las startups?

Como la confianza que no se puede «trocear» no se puede vender, las empresas que apuestan por esta forma de financiación lo que hacen es una oferta inicial de monedas. ¿De qué monedas? De las que la propia compañía «acuña» de forma virtual. Es decir, fichas o tokens criptográficos que dan derecho a participar en el proyecto, ya sea en forma de inversión en el mismo, ya sea en su infraestructura.

Para emitir estos tokens, las compañías hacen uso de esa tecnología tan maravillosa (y que según todos los expertos va a cambiarlo todo) que responde al nombre de Blockchain. De esta forma se aseguran que cada una de sus «monedas» es única, no puede ser falsificada o replicada, y además se garantizan el control sobre el flujo de «monedas» que se emiten, se venden y se compran.

¿Y cómo se compran? Aunque algunas startups tienen la capacidad de acuñar monedas virtuales puras, lo habitual es que estos tokens tengan como marco de referencia una critptomoneda consolidada, como puede ser Bitcoin o Ethereum. De este modo el futuro inversor deberá en primer lugar comprar una cantidad determinada de Bitcoins, para después cambiar la cantidad deseada en la ICO en la que desea invertir. A partir de aquí, los dados mandan: la suerte está echada.

¿De verdad alguien invierte en algo así?

Es lo primero que le preguntas a tu socio cuando llegas al coworking en el que trabajas. Y a él, que le sorprende tu repentina falta de fe, te inunda de datos, de cifras que te dejan «turulato». Mira, te dice, sólo en Estados Unidos, las cinco ICOs más importantes de 2017 han «levantado» 980 millones de dólares. Empresas como Filecoin, Tezos, Block.one o Bancor son lo que son, porque básicamente, lanzaron su ICO en el momento oportuno.

Y es más ¿te acuerdas de Telegram? También están preparando su propia ICO. Lo van a hacer a través de TON (Telegram Open Network) que es su propia plataforma de blockchain y su criptomoneda se va a llamar Gram. Y no es cualquier cosa. Si buscas información en Internet, algunos dicen que pueden llegar a levantar hasta 1.200 millones de dólares.

Claro, le dices. Pero me hablas de Estados Unidos, de China, de grandes inversores… Y te preparas para la pregunta que no tienes tan claro de si te va a saber responder: ¿Tienen éxito las ICOs en España?

Tu socio te reconoce que no lo tiene del todo claro. Así que en este momento ambos os ponéis a buscar información en la Red y descubrís que no sois los primeros. Según Finnovating hasta enero de 2018, 23 startups españolas han puesto en marcha su propia ICO.

Las hay en un buen número de campos: fintech, proptech, healthtech, RSC, Edtech, marketing… La más curiosa tal vez la que ha puesto en marcha Home Meal, propietaria de la cadena de restaurantes Nostrum, que pretende recaudar 50 millones de euros con su propia criptodivisa. O Tutellus una plataforma de educación on-line a distancia que quiere utilizar sus propios tokens para revolucionar los pagos en el sector Edtech. O incluso Ethic Hub, una plataforma de crowdlending P2P que pretende crear un sistema más justo de préstamos para pequeños productores.

No hay marcha atrás. Convencidos ante el futuro brillante que os espera, os ponéis manos a la obra. Hay mucho por hacer. Una plataforma que construir, programadores que contratar, expertos en criptodivisas a los que consultar…Y parece que todo marcha bien. Hasta que de repente descubrís que…

Los gobiernos aconsejan no invertir en ICOs

Un jarro de agua fría. O varios. El primero llega desde China. Os enteráis que en septiembre de 2017 el gobierno del país asiático prohíbe las ICOs. La razón que ofrecen las autoridades asiáticas es escueta pero contundente: «las ICOs han perturbado seriamente el orden económico y financiero» afirman.

Y no son los únicos. Unas semanas más tarde Corea del Sur anuncia lo mismo. Los motivos que da la Comisión Nacional de Servicios Financieros (FSC) son en este caso más ilustrativos: «el objetivo es evitar el flujo de dinero hacia una dirección improductiva y especulativa».

Otros países como Rusia, Islandia, India o Vietnam siguen su ejemplo. Y no sólo se limitan a prohibir las ICOs, sino que van más allá, imponiendo serias restricciones (o prohibiendo completamente) el uso del Bitcoin. ¿Su miedo? Que la progresiva fortaleza de las divisas virtuales amenace el imperio de la ley que debe garantizar su propia moneda local.

Descubrís que incluso donde poner en marcha una ICO es perfectamente legal, los distintos organismos reguladores desaconsejan a los inversores el apostar por este tipo de instrumentos. Incluso en España, la CNMV haciéndose eco de las recomendaciones de ESMA (el regulador europeo) no puede ser más clara cuando dice que: «las ICO son generalmente inversiones muy especulativas y de elevado riesgo sobre las que se proporciona una información en muchos casos inadecuada. El precio de la moneda o ‘token’ podría ser muy volátil y los inversores pueden no tener la posibilidad de recuperar su inversión en un periodo prolongado».

Y no sólo, la ESMA también alerta del posible uso fraudulento de estos instrumentos financieros: «dependiendo de cómo se estructuren, las ICOs podrían no enmarcarse en la regulación de la UE, en cuyo caso los inversores no podrían beneficiarse de la protección que la legislación europea ofrece. Además ciertas ICO podrían entrañar riesgo de fraude y blanqueo de capitales«.

TAO: un futuro para las ICO

Pero mientras piensas si es una buena idea poner en marcha tu ICO, el mundo sigue girando. Lo advertimos al principio de este reportaje. El mundo startup se mueve rápido.

Y de las cenizas de la primera generación ICO está naciendo TAO (Tokenized Asset Offering), un nuevo modelo que quiere heredar todo lo bueno del blockchain, dejando fuera los problemas que están lastrando la popularidad de las ICO en muchos de los países en las que se lanzan.

TAO nace para cumplir lo que exigen organismos reguladores como SEC o ESMA, pero también para alinearse con la industria. En cierta forma quiere dejar atrás ese carácter de «moneda especulativa» para convertirse en un activo real tanto para empresas como para inversores. Los expertos afirman que este va a ser su año. Y si tu startup quiere subirse a la ola del cambio, tiene que darse prisa. ¡Se te agota el tiempo!

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